Ayer en la noche fui a ver Milk con mi amigo René. Sobra decir que fuera de la actuación de Diego Luna la película me encantó. Salí de ahí no solo con la confianza sino con la determinación de que cualquiera es capaz de hacer un cambio, de generar un impacto en su entorno.
El tener la vida de Milk proyectándose en las salas de cine a nivel nacional es inspiradora, no pude evitar pensar en mi misma historia, que es la historia de miles de personas homosexuales en México. No pude dejar de recordar mis años escolares, las burlas de los compañeros, la lucha entre la identidad personal y la identidad social, las repercusiones familiares, el proceso de aceptación y de auto respeto, el primer beso, el primer novio, el primer sexo, las relaciones laborales, la búsqueda de oportunidades y la lucha constante contra los estereotipos.
Quien me conoce sabe que mi vida no se rige por el hecho de ser gay, que si bien es parte de mi vida y hablo abiertamente de ello, no es una meta de vida ni mi único tema de conversación. Quien ha leído este blog podrá afirmar que si bien es escrito por una persona gay no es un blog gay, es un espacio en el que escribo libremente sobre mi vida y sobre mis impresiones. Sin embargo, el día de hoy tienen ante sus ojos un escrito enfocado al tema gay, tengo la necesidad de compartirles un poco de mi historia…
…Cuando alguien me pregunta el por qué decidí ser gay invariablemente les contesto que si fuera una cuestión de elección no puedo entender que alguien escogiera esta vida, no es una cuestión de moda, ni un virus que se va con tu ampolletita disuelta en jugo de naranja. ¿Quién podría ser tan masoquista como para enfrentarse a burlas en la escuela? ¿A rumores en la familia sobre tu eterna soltería o tu mano caída? ¿A ser despedido o a no ser contratado? ¿A tener que hacer un doble esfuerzo en todo: doblemente más eficiente, doblemente más paciente, doblemente más fuerte?
Somos de las pocas minorías que se nos sigue tachando de enfermos, de ir contra los valores familiares, de ser gente de segunda, se nos asocia con el sida y la pedofilia, y se nos siguen negando los derechos civiles. El resto de las minorías tiene un psique colectiva distinta, se les ha reivindicado por el pasado, se les han pedido disculpas y ellos saben que no son menos y que no deberían de ser tratados de esta forma, que tienen derechos, que sufrieron injusticias y que estas son condenadas.
Las comunidades indígenas y los native-americans tienen reservas con sus propias reglas; los judíos no sólo recibieron disculpas sino compensaciones por parte de Alemania, los negros tienen la emancipación y los mismos derechos que cualquier otro ciudadano, los sudafricanos por muchos años tuvieron al menos la crítica internacional contra el apartheid, se sabe que los matrimonios interraciales no atentan contra los valores familias, tenemos el día internacional de la mujer en el que se reafirma que tienen tanto las mismas capacidades de los hombres, como los mismos derechos.
Nosotros no tenemos nada de esto, no tenemos a funcionarios públicos abiertamente gays, no tenemos una condena contra los países árabes que tipifican la homosexualidad como un delito, no tenemos los mismos derechos que los heterosexuales, pagamos muchos más impuestos al recibir una herencia por parte de nuestra pareja, no tenemos ni siquiera las garantías que se les otorgan a los concubinos, no podemos incluir a nuestras parejas en nuestro seguro social ni unir nuestros créditos para comprar una casa, no somos familia al tener que tomar decisiones en los hospitales. Nadie nos ha dicho que esto está mal, que estas son injusticias, que debemos de cambiarlas. Al contrario creemos que estamos mal, que estamos condenados, que estamos enfermos.
Tal vez la diferencia más importante que percibo en las demás minorías con la minoría homosexual es que los valores se transmitían familiarmente, en el núcleo del hogar se comentaba y se comenta: el sufrimiento del pueblo judío; los estragos de la esclavitud, y la injusticia de ser gobernados por una minoría blanca en Sudáfrica. Los homosexuales carecemos de esta base, ni siquiera partimos de un terreno neutral, la mayoría de la veces escuchamos en el seno de nuestra familia comentarios vejatorios contra los gays, crecemos con códigos morales que nos condenan. Los gays tenemos que ir poco a poco y paso a paso buscando un camino y una aceptación a la que no fuimos enseñados.
A pesar de venir de este contexto nunca he sido de los que se victimizan ni espero que tú que me lees pienses en el pobre Héctor mártir, que he sufrido injusticias, claro que las he sufrido, si fueran una cosa utópica este escrito no existiría. Sin más a pesar de ser de lo más capaz me costó más de un año cambiar de trabajo, y de todas las entrevistas a las que fui solamente una persona abordó abiertamente mi homosexualidad y me confió sus temores para contratarme.
Lo que sí soy es un guerrero, lo que puedo hacer para que un chavito después de mi no sea discriminado por sus preferencias sexuales es hacer un excelente papel en mi trabajo, reclamar cuando hay que reclamar, chingarle cuando hay que chingarle, reír cuando hay que reír y sobre todo respetarme y darme a respetar al tiempo que respeto a los demás.
Lo que hago es no darme por vencido, no rasgarme las vestidura y preguntar ¿Por qué yo? Doy la cara y voy pa’lante, me canso como cualquiera y siento como cualquiera. Tengo un bagaje de inseguridades que he ido dejando en el camino. Hablar en público a un grupo de hombres “machos” me atemorizaba, el ver las risas y comentarios de desconocidos al escucharme hablar me hacía sentir menos, fuera de mi círculo de confianza llegaba con temor por haber sido azotado en el pasado. Ahora ya no es así, ahora capacito a grupos grandes con toda la confianza del mundo, ahora al percibir miradas o escuchar risas y comentarios de desconocidos no me lo tomo personal, ahora tengo una seguridad en mi que emana en gran parte al saber que yo mi YO COMPLETO vale y merece respeto. Yo soy YO en todos mis ámbitos: familiares, laborales, sociales.
Espero que las nuevas generaciones tengan un mejor camino, en el que hayan recibido menos golpes, en el que la seguridad en su persona sea mayor, en el que puedan ser ELLOS sin temor alguno, en el que sepan que no están enfermos, ni condenados, en el que tengan derechos como cualquier otro, en el que la palabra discriminación deba ser buscada en la enciclopedia. Falta, falta mucho camino y mucho tiempo, pero el cambio no empieza ahora, empezó hace tiempo y es nuestro deber continuarlo y consolidarlo.
No se que tan grande o pequeña sea mi esfera de influencia, no se cuanta gente realmente haya llegado hasta este punto del texto, pero espero que cada homosexual y cada heterosexual que este leyendo haga lo que quiera y pueda hacer para cambiar la realidad tanto la nuestra, como la de los hijos y nietos que vienen.